Una mano adulta sostiene el pie de un bebé, con una pieza de joyería sobre los dedos.

Guardar el tacto

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La idea de Stoneta se puede explicar en una frase, y esa es la primera prueba de que está bien construida: capturar el tacto de una persona querida y convertirlo en una joya.

No una foto suya. No una inicial grabada. El tacto.

Un problema técnico con una condición humana

El proyecto está especialmente orientado a bebés y a personas con piel sensible, y eso impone una restricción que lo decide casi todo: el proceso no puede hacer daño ni molestar.

La solución es una cera especial que se puede modelar con la mano, sin necesidad de fuego, de manera que no hay que calentarla sobre la piel. Dicho así suena a detalle de ficha técnica. En realidad es lo que hace posible todo el proyecto: sin esa condición resuelta, la idea se queda en una buena idea.

Esta es una lección que aparece a menudo en proyectos de producto y que los estudios de marca a veces pasamos por alto. Una promesa emocional solo es creíble si alguien ha resuelto el problema práctico que hay debajo.

Huellas modeladas una junto a otra, todavía como piezas sueltas.

Por qué el tacto y no la imagen

Vivimos rodeados de imágenes de la gente que queremos. Tenemos miles en el teléfono.

Del tacto, en cambio, no guardamos nada. Es el sentido que no sabemos archivar. Sabemos cómo era una cara; no sabemos volver a sentir una piel.

Conservar una textura. Guardar un instante físico. Convertir el tacto en memoria y la memoria en objeto.

Aquí hay una idea aprovechable para cualquier persona que esté pensando en branding emocional: la fuerza de una propuesta no viene de la intensidad del sentimiento que invoca, sino de la precisión con que lo define. «Recuerdos para siempre» no conmueve a nadie. «Capturar el tacto de esta mano», sí.

La pieza acabada llevada en la muñeca, en contexto cotidiano.

Todo el sistema en una sola marca

Para el estudio, Stoneta es el proyecto propio donde confluyen más disciplinas a la vez: producto, fabricación, relato, identidad, fotografía, ecommerce y comunicación. Ninguna de estas piezas se puede resolver sin mirar las demás.

Llevar esta marca desde dentro es lo que permite a Codina Studio hablar con conocimiento cuando un cliente llega con un producto cargado de significado y con el problema de cómo explicarlo sin estropearlo.

Explicar algo que nadie busca

Hay un problema comercial que este proyecto plantea con toda la crudeza: nadie se levanta una mañana buscando una joya con la huella de la piel de su hijo. No hay demanda esperando; hay una idea que se tiene que hacer entender antes de que nadie pueda desearla.

Eso da la vuelta al orden habitual del trabajo de marca. En un producto conocido, el trabajo es diferenciarse dentro de una categoría que el comprador ya tiene en la cabeza. En un producto como este, el trabajo es muy anterior: conseguir que alguien entienda de qué le estás hablando y, sobre todo, en qué momento de su vida aquello tiene sentido.

El proyecto hermano, donde la experiencia también forma parte del producto, es De fundir a llevar el anillo. Y si lo que te preguntas es por dónde se empieza una marca como esta, la respuesta está en Una marca no empieza con un logotipo.